
Uno de los primeros síntomas es la hiperventilación. María José pone como ejemplo a Nina, la perrita que la acompañó durante la entrevista. A pesar de encontrarse en un estudio con aire acondicionado, el simple nerviosismo de estar en un lugar nuevo hizo que comenzara a jadear con intensidad.
Cuando un perro entra en ese estado de estrés térmico puede ocurrir algo que muchos propietarios desconocen: aunque necesite hidratarse, deja de beber agua.
"Muchos propietarios intentan darle agua y el perro la rechaza. Ha entrado en un bucle en el que necesita refrescarse, pero ya no quiere beber."
Por eso es tan importante actuar rápidamente antes de que la temperatura corporal siga aumentando.
Uno de los consejos más interesantes que comparte María José es que no conviene mojar inmediatamente todo el cuerpo del perro. Con animales de mucho pelo, el agua apenas llega hasta la piel y el efecto es mucho menor del que imaginamos.
Lo realmente eficaz consiste en enfriar las almohadillas plantares, ya que es una de las zonas por donde el perro libera mejor el exceso de temperatura.
La recomendación es sencilla:
Este sencillo gesto puede reducir la temperatura corporal mucho más deprisa que mojarle el lomo o la cabeza.
Ante un golpe de calor, acudir al veterinario es imprescindible, pero María José insiste en que antes conviene realizar unos primeros auxilios básicos.
Mientras el perro continúa hiperventilando, su temperatura seguirá aumentando incluso durante el trayecto en coche. Por eso recomienda comenzar inmediatamente a refrescar las almohadillas y ofrecer agua si el animal quiere beber. Una vez estabilizado mínimamente, hay que acudir cuanto antes al centro veterinario.
Si el incidente ocurre cerca de casa, también puede utilizarse una bolsa de gel frío envuelta en un paño para ir alternándola entre las patas durante el desplazamiento.
Durante los meses más calurosos, María José recomienda realizar los paseos largos únicamente a primera hora de la mañana, cuando el suelo todavía no ha acumulado calor.
Las salidas del mediodía deberían limitarse únicamente al tiempo necesario para que el perro haga sus necesidades, procurando caminar siempre por zonas de sombra y llevando agua fresca.
Para comprobar si el suelo está demasiado caliente propone una prueba muy sencilla:
"Si tú no puedes mantener la palma de la mano cinco segundos sobre el asfalto, tu perro tampoco debería caminar sobre él."
Las almohadillas son resistentes, pero no son un calzado. También pueden sufrir quemaduras importantes.
Es una de las creencias más extendidas, pero no siempre es cierta.
María José explica que las razas con doble capa de pelo, como el Pomerania o muchos perros nórdicos, cuentan con un aislamiento natural que ayuda precisamente a proteger la piel del calor exterior.
Ese manto crea una cámara de aire que reduce varios grados la temperatura que finalmente llega a la piel. En cambio, razas de pelo corto como el Boxer, el Galgo o el Dálmata reciben el calor mucho más directamente.
Precisamente por esa función protectora del pelaje, María José desaconseja completamente rapar a las razas de doble capa.
Además de perder su aislamiento natural frente al calor, muchos perros pueden desarrollar problemas de crecimiento del pelo e incluso sufrir alopecias permanentes.
Como especialista en Pomerania, explica que buena parte de su trabajo consiste precisamente en recuperar perros que han desarrollado alopecia X tras un rasurado incorrecto.
Más allá de los primeros auxilios, la mejor herramienta sigue siendo la prevención.
El agua debe estar siempre disponible, limpia y fresca, renovándola varias veces al día. También es importante comprobar que el perro realmente está bebiendo y llevar siempre agua durante los paseos.
Como recuerda María José Guerrero, la mayoría de los golpes de calor pueden evitarse con unas pautas muy sencillas y un poco de sentido común. Adaptar los horarios, evitar las horas centrales del día y vigilar constantemente el estado del animal son las mejores formas de disfrutar del verano con seguridad.